¿Qué rol juega el papel en el proceso de edición de un libro? ¿Cómo afecta al lector la elección de un papel u otro? José Ángel Martos, cofundador y editor de la Editorial Diëresis, un sello que ha adquirido una notable presencia en el mundo editorial desde 2003, nos desvela todas estas cuestiones y mucho más en esta entrevista.

 

Empecemos hablando del papel como soporte. Tras la irrupción del libro electrónico, parecía que iba a retroceder el papel y, sin embargo, las ventas en eBook no llegan apenas al 5%. ¿Crees que seguirá así en los próximos años?

Los libros electrónicos han ido perdiendo interés en los últimos años, especialmente desde su auge alrededor del 2015. Esto no solo se ve en el mercado en general, sino también en nuestra propia experiencia, pues empezamos con los eBooks desde sus comienzos. Tras una fase de estabilidad, notamos que las ventas empezaron a caer con la pandemia. Según los números que hemos visto, como ese 5% del que hablabas, parece que no es solo una percepción nuestra.

Antes, muchos pensaban que el libro impreso desaparecería, algo similar a lo que ha pasado con los periódicos en papel. Aunque con los periódicos eso está siendo cierto, con los libros es todo lo contrario; las ventas de libros impresos incluso han aumentado. Pero, aunque los eBooks no han terminado de enganchar al lector promedio, hay excepciones, especialmente entre los que leen mucho y en ciertos géneros específicos, como la novela romántica.

 

¿Qué importancia dais en Diëresis a la elección del papel?

El papel es una parte esencial de la experiencia de lectura. La razón por la que el libro impreso sigue siendo tan popular, a pesar de que tecnológicamente podría considerarse obsoleto, es su capacidad para ser más que solo texto. Es agradable al tacto, visualmente atractivo, y hay algo en tenerlo como objeto que nos encanta. Los lectores valoramos un libro no solo por su contenido, sino también por que sea estéticamente agradable.

Por eso, la elección del papel es crucial: debe ser suave, ofrecer buena visibilidad y no ser demasiado transparente. Todo esto contribuye a que prefiramos la experiencia de un libro en papel en lugar de una pantalla de eBook, que a menudo se percibe como algo frío.

Normalmente, la gente me comenta exactamente eso: que leer en una pantalla les parece frío. Interpreto esto como una falta de conexión sensorial que naturalmente se obtiene con el papel.

Creemos que es importante que el lector sienta una conexión, no solo con el contenido, sino también con el libro como objeto. Esto incluye también la maquetación, los márgenes, el tamaño de la letra… Es un conjunto de elementos que deben conformar algo con lo que el lector se sienta conectado.

 

Y el lector, desde vuestra experiencia, ¿lo aprecia también? ¿O no es consciente?

Sí, solemos recibir mucho feedback, sobre todo de las portadas. Nos hemos dado cuenta de que cuando hacemos algo original como, por ejemplo, el acabado UVI que utilizamos en nuestro best seller actual “Los secretos del ajedrez”, realmente puede ser un factor decisivo en la compra del libro. Además, creo que los lectores también notan la composición de la página, que valoramos mucho y tratamos de cuidar.

En cuanto al papel, existen dos mundos: el papel ahuesado y el papel blanco. Usamos el papel ahuesado principalmente en nuestras colecciones de narrativa y periodismo, intentando que no sean excesivamente amarillos. Por otro lado, el papel blanco lo reservamos más para libros prácticos porque no encaja bien en una novela.

 

El gramaje es uno de los factores que define un papel, pero hay muchos tipos de papel con características muy diferentes. ¿En qué aspectos os fijáis?

Normalmente, elegimos un gramaje mínimo de 90 para nuestros libros porque este equilibrio entre grosor y comodidad nos funciona bien. En el caso de los libros ilustrados, buscamos que el papel tenga un poco más de peso. No queremos que sea muy delgado porque puede dar la sensación de ser demasiado ligero. Optamos por papeles estucados y mates, que rondan entre los 115 y 120 gramos, especialmente cuando se trata de libros con contenido gráfico.

 

Decía Jorge Herralde, famoso editor de Anagrama, que el factor ‘objeto’ es tremendamente importante, acompañando obviamente al contenido. ¿Estás de acuerdo? ¿Hasta qué punto es determinante el aspecto de un libro respecto a las ventas?

Sí, es esencial tener un libro que te guste y que quieras que perdure en el tiempo. La portada es fundamental; con el tiempo he aprendido a valorarla aún más. Siempre intentamos ofrecer el mejor diseño gráfico, pero dentro de la portada, el título y lo que sugiere es casi tan importante como el propio contenido, especialmente para ciertos géneros.

La contraportada también es clave. Los mensajes que le transmitimos al lector en esa parte son cruciales. Para la mayoría de la gente, el primer contacto con el libro será a través de la portada, la contraportada y la biografía del autor en la solapa. Por eso, es importante poner gran parte de nuestro esfuerzo en estos elementos.

 

La solapa (una, dos o ninguna) es una de las grandes decisiones cuando se imprime un libro. Vosotros sois del club ‘sí a la solapa’. ¿Por qué?

Creo que darle solapa a un libro también es un signo de calidad. Cuando asignamos solapa a un autor, es una manera de mostrar que tiene reconocimiento y que confiamos en su valor como autor. En el mercado español, los libros sin solapa no son tan comunes, mientras que en Estados Unidos es bastante habitual en ediciones de tapa blanda o de bolsillo. Aquí tendemos a darle más importancia al autor, aunque eso implique un coste adicional.

 

De vez en cuando optáis por la tapa dura, como hicisteis, por ejemplo, con algún libro de Gaziel. ¿Qué aporta la tapa dura? ¿La siguen apreciando los lectores?

Es cierto que la gente valora mucho el acabado de un libro y, por supuesto, una tapa dura llama la atención. Una buena presentación transmite una imagen de más calidad y puede hacer que automáticamente pienses que el libro es mejor. Te deja con la idea de que el contenido es más profundo o elaborado, así que, definitivamente, la presentación tiene su peso. Aunque no tiene por qué ser así.

Sin embargo, el coste de producción ha aumentado considerablemente. Muchos de los materiales que usamos para las tapas duras, como el cartón, son importados, y con el aumento en los costes del transporte internacional, los precios han escalado bastante, así que hay que ser selectivo con cuándo merece la pena usarla y cuándo no aporta un valor añadido.

 

¿Podríamos decir que la temática de un libro influye en la elección de papel? ¿De qué manera?

Sí, podríamos decir que la temática del libro influye en nuestra elección del papel. Especialmente tenemos en cuenta el género literario al que pertenece y la colección específica en la que lo situamos. A veces, esta decisión también la tomamos pensando en el tipo de lector al que va dirigido el libro. Por ejemplo, cuando publicamos libros de motivación o incluso algunos relacionados con el deporte, consideramos que el público podría no ser necesariamente ávido lector. Entonces, pensamos en cómo presentar el libro en términos de tipo de papel y acabado general, de manera que sea atractivo y no disuada a potenciales lectores.

 

El lomo es uno de los grandes olvidados, y sin embargo es muy importante en librerías y bibliotecas. ¿Qué importancia le dais en Diëresis?

Creo que el lomo del libro es un elemento que estéticamente se aprovecha poco. Generalmente se le da un tratamiento muy clásico, pero hay potencial para hacer mucho más. Nosotros, en algunas colecciones utilizamos técnicas poco comunes en las portadas que también aplicamos al lomo, como es el caso de la impresión UVI que mencionaba anteriormente.

Es interesante porque el lomo es realmente el gran olvidado, pero es lo que más se ve cuando los libros están guardados o expuestos en una estantería. Ahora, con las redes sociales y los ‘bookstagramers’ o ‘booktokers’ mostrando sus bibliotecas, el aspecto del lomo se ha vuelto aún más crucial. Ellos quieren que sus estantes se vean organizados y estéticos, lo cual subraya la importancia del diseño del lomo para el conjunto de la colección.

 

El mundo del libro tiene muchos intermediarios: distribuidora, imprenta, papel, librería, autor… ¿Queda margen para la innovación con esa estructura de costes tan compleja?

Sí, definitivamente hay margen para la innovación, especialmente en cómo nos comunicamos y conectamos con los lectores, así como en la creación de colecciones y en el enfoque de los libros. A menudo se piensa que los libros son únicamente idea del autor, pero en realidad, el editor también tiene un papel significativo en la configuración final de esas ideas. De hecho, muchas veces la concepción del libro es también una iniciativa nuestra, lo cual abre muchas posibilidades para innovar.

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